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Cómo convertir problemas en tareas



Los problemas a los que no encontramos solución nos hacen sentir víctimas de un destino que no podemos controlar, pero yo creo que no existen problemas, sino tareas por resolver.


Todo lo que percibimos como un problema tiene una solución que, una vez identificada, podemos convertir en una lista de tareas que vamos resolviendo. Esta nueva forma de verlo ha supuesto un antes y un después en mi vida.


La mejor manera de encontrar soluciones es poner los asuntos por escrito. Muchas veces pensamos que tenemos los conceptos muy claros, pero si intentamos explicárselos a otra persona nos damos cuenta de que no lo teníamos tan claro. El ejercicio de escribir es de gran ayuda para adquirir claridad, especialmente si lo hacemos a mano.


Cuando me siento preocupada, escribo una lista de todos los asuntos que necesito resolver. El simple hecho de apuntarlos ya es sanador, pues a veces parece que tienes cientos de preocupaciones y problemas dándote vueltas en la cabeza, pero al ponerlo en papel te das cuenta de que solo son diez o quince, que sigue siendo un buen número, pero ya es manejable. Entonces puedes ir procesándolos poco a poco.


Una vez que tenemos claros todos los puntos a resolver, debemos diferenciar entre lo que está dentro de nuestra zona de influencia y lo que no.


En toda situación dada hay una serie de factores que puedes controlar y cambiar; ésta es tu zona de influencia. El resto de factores que no dependen de ti están fuera de tu zona de influencia.


Necesitamos concentrar toda nuestra atención en nuestra zona de influencia y dejar de perder energía con las cosas que no podemos cambiar.


Pongamos, por ejemplo, que tengo una bronca con mi pareja. De mí depende serenar mi ánimo y estar dispuesta a escucharle y a entenderle... Que mi pareja esté abierta a serenarse y hacer las paces, está fuera de mi zona de influencia. Y perdemos tanto tiempo y energía preocupándonos por aquello que no depende de nosotros que nos olvidamos de actuar en aquellas áreas que sí son nuestra responsabilidad.


Retiro de mi lista de preocupaciones todo lo que no está en mi zona de influencia y valoro qué acciones concretas puedo emprender para mejorar lo que sí está bajo mi control. De aquí saldrá una lista de tareas concretas; y así es como los problemas se transforman en tareas.


En este artículo te explico mi sistema de gestión de tareas con listas, que te ayuda a dejar de procrastinar y a resolver tus tareas de forma eficiente.


Es normal encontrarte con problemas que no sabes cómo convertir en tareas. ¡Pero no hay que desistir! Después de escribir todos tus problemas, probablemente hayas descubierto que no eran cien, sino quince, y que de estos quince hay tres o cuatro que no sabes cómo convertir en tareas. Empieza por esos once que sí que sabes cómo resolver, y te aseguro que, una vez te hayas librado de ellos, estos otros cuatro los verás con más claridad.


Es como un ovillo de lana hecho un enredo: empiezas por un extremo y lo vas sacando, ¿verdad? Si empiezas a tirar del medio, la cosa se pone muy fea. Ve tirando del hilo y el enredo se hará cada vez más pequeño.


Siempre nos encontraremos retos y situaciones dolorosas, pero podemos afrontarlos con más eficiencia y paz interior cuando dejamos de verlos como problemas y, en cambio, las entendemos como tareas. Desde esta perspectiva entendemos que todas las dificultades son valiosas lecciones que nos dan la oportunidad de crecer y conocernos a nosotros mismos.