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Cómo dejar de preocuparte por lo que piensan de ti



A todos nos afecta, y por supuesto que nos importa la opinión de otras personas. Sería absurdo negarlo, porque somos seres sociales y necesitamos sentir que pertenecemos a una comunidad. Esto es esencial para nuestro bienestar e incluso para nuestra supervivencia. Pero ¿por qué tenemos que sufrir tanto y gastar tanta energía preocupándonos por lo que piensan los demás de nosotros?


Lo cierto es que no vemos a los demás como son, sino que les vemos como somos nosotros. Todo lo que vemos en nuestra realidad externa es, de alguna manera, un reflejo de lo que llevamos por dentro. Por lo tanto, si yo me veo a mí misma cuando miro a otra persona, también el resto de las personas se ven a sí mismas cuando me miran a mí. Una persona que te juzga siempre se está juzgando a sí misma.


¿Eso significa que debo ignorar por completo lo que piensa el resto del mundo? ¡Claro que no! La opinión de otras personas puede darnos información muy valiosa y ayudarnos mucho en nuestro camino; pero nunca hay que darle más importancia a la opinión ajena que a la propia.


En este punto yo me hago un par de preguntas clave:

¿Estoy dando lo mejor de mí misma?

¿Estoy haciendo lo que siento que es coherente con mis valores?

¿Estoy siendo la persona que siento en mi corazón que soy realmente?


No se trata de ser perfecto, pues todos tenemos siempre cosas que mejorar. De lo que se trata es de ser coherente con tu verdad interna y de sentir que estás dando lo mejor de ti en cada momento. Si la respuesta a estas preguntas es que no, entonces el problema no es lo que piensan los demás, sino lo que pienso yo de mí misma.


Cuando tú te sientes feliz y estás satisfecho con lo que eres, o sea, cuando la respuesta a estas preguntas es que sí, ninguna opinión ajena puede desestabilizarte. Y cuando recibes una crítica, o sabes que no es cierto y que no te atañe, o reconoces que es verdad, pero no te lo tomas como un ataque, sino como una información que te dará posibilidad de mejorar.


Cuando me preocupa lo que piensa otra persona, tengo claro que hay algo con lo que yo misma no estoy satisfecha. Es un alivio entender que lo que piensan los demás no es un problema, sino una pista que me indica dónde tengo la oportunidad de mejorar y crecer.

Es imposible agradar a todo el mundo, eso está claro. La pregunta es ¿cuáles son las personas a las que quiero agradar? Porque de nada me sirve adaptarme, renunciado a mi verdad interna, para agradar a personas que no tienen los mismos valores que yo, que no me hacen sentir bien, que tienen una vida que no es la que yo quiero para mí. ¿Por qué debería preocuparme la opinión de alguien que no me valora ni me entiende, o que ni siquiera me conoce realmente?


Nos decimos: “¿Cómo voy a salir con esta pinta a la calle, qué pensarán de mí?" ¡Y se trata de personas desconocidas! Si no estoy haciendo daño a nadie, estoy siendo coherente y me siento bien conmigo misma, ¿por qué razón tiene que preocuparme lo que piense una persona que no sabe nada de mí?


Las personas que de verdad te conocen, que te valoran y que te entienden, te hacen críticas constructivas que te ayudan a a crecer. Estas son las opiniones que me tomo en serio, y son poquitas.


Tú te puedes adaptar y amoldarte a lo que crees que a otras personas les va a gustar, pero eso te obliga por el resto de tu vida a seguir siendo esa persona que en realidad no eres. El problema es que somos animales sociales y tenemos mucho miedo al rechazo y a sentirnos excluidos. Pero convertirte en alguien que no eres para encajar, a la larga te va a producir mucho sufrimiento.


¿Y qué pasa cuando no encajas de forma natural en la comunidad que te ha tocado? Pues la solución es buscar a nuestra "tribu", es decir, a esas personas que tienen cualidades en común con nosotros, con los que podemos ser nosotros mismos sin sentirnos juzgados. Hoy en día, gracias a Internet y a las tecnologías, es cada vez más fácil encontrar y ponerse en contacto con esas personas que son más afines a uno, si no tienes la suerte de tenerlas ya en tu entorno. Pero fíjate en que es muy poco probable que personas afines se acerquen a ti si no estás mostrando lo que eres realmente.


Conclusión importante: Cuanto menos juzgo y critico yo a otras personas, menos me afecta y me importa la opinión que las otras personas tienen de mí. ¿Por qué?, porque vemos en los demás lo que somos nosotros. Cuando yo critico, veo cómo los demás me critican. Cuando dejo de criticar, dejo de recibir críticas o, en cualquier caso, las percibo de otra manera mucho más positiva.