• Adriana Coines

Cómo empezar con el minimalismo



El minimalismo es una filosofía de vida que consiste en enfocarnos en lo realmente importante y liberarnos de lo superfluo, de las cosas que nos obstaculizan. Pero ¿cómo empezar a poner en práctica estas ideas del minimalismo?


Lo primero que hay que preguntarse, y lo más importante, es: ¿Para qué quiero hacerme minimalista? ¿Cuál es mi motivación para hacer este cambio? Porque el minimalismo es una herramienta fantástica para mejorar nuestra calidad de vida a todos los niveles, pero no es la única opción, y tal vez no es la más adecuada para ti o, sencillamente, no es el momento.


Sabes que es tu momento de minimalizar cuando tienes la sensación de que todo te sobrepasa, de que tienes demasiados problemas, demasiadas tareas, demasiadas emociones, demasiadas personas, demasiadas cosas a tu alrededor... De repente te entra una urgencia de hacerlo todo más fácil y más manejable, y de empezar a liberarte de todas esas cosas que te sobran y que en fondo te estorban más de lo que te ayudan. Ésta es la situación típica en la que el minimalismo te puede resultar de gran ayuda para recuperar el control de tu vida.


No merece la pena hacer todo este proceso simplemente porque está de moda, o justo lo contrario, por ser diferente de la mayoría de la gente. Y tampoco es el objetivo tener una casa perfecta, de revista, o tener un determinado look. Hacerse minimalista es una transformación personal, es dar un giro a tu vida, principalmente a nivel interior; y todo lo que cambiamos por dentro se ve reflejado por fuera.


La mayoría nos introducimos en el minimalismo haciendo limpieza en casa, liberándonos de los objetos que hemos acumulado durante años y que ahora sentimos que nos estorban. Aunque el nivel material no es lo más importante, desde mi punto de vista, es una buena forma de tomar contacto, porque las cosas materiales se pueden ver y tocar, son más evidentes.


Lo que suele pasar después de este proceso de limpieza en casa es que empiezas a notar cambios a otros niveles: de repente tienes más claridad mental, disminuye tu estrés, estás más tranquilo, tienes más energía y motivación para tus proyectos. De repente tienes más tiempo, como si los días fueran más largos, y en general te sientes motivado para cambiar aquellas cosas de tu vida que desde hace tiempo sabes que necesitan atención.


Es como si limpiando y moviendo cosas en casa se pone en marcha un proceso de transformación en cadena que va mucho más allá del ámbito material.

Pero ¿por dónde empiezo este proceso de limpieza tan titánico? La sola idea de revisar toda tu casa te puede hacer sentir sobrepasado.


Mi consejo es que, antes de empezar a mover y sacar cosas de casa, paremos un momento y hagamos un ejercicio de observación y de reflexión. Date un paseo por toda tu casa observándolo todo. Echa un vistazo a cada rinconcito, abre cada cajón, cada armario, mira qué hay, qué no hay, qué cosas te gustan, qué cosas no te gustan, qué cosas te resultan incómodas, cuáles son las áreas de tu casa donde tiende a formarse el desorden...


Toma nota de todo lo que vas observando, porque esta información te resultará muy útil a la hora de tomar decisiones más adelante, y te ayudará a ponerte unos objetivos muy concretos y a avanzar en la dirección que deseas.


Si convives con tu familia o con otras personas, fíjate solamente en las cosas que son tuyas. Nada ni nadie te puede impedir ser minimalista, si te enfocas en tus propias cosas y en poner en orden toda tu vida primero. Por ahora, con lo tuyo propio probablemente ya tienes trabajo de sobra.


Visualiza cómo sería tener tus cosas siempre en orden, que te resultara fácil manejarlas, y haberte liberado ya de todas esas cosas que ahora mismo te estorban. ¿Qué consecuencias y qué beneficios tendría esto en tu vida? Utiliza esta imagen y vuelve siempre a ella para motivarte a seguir adelante con el proceso.


Deja para el final las cosas que tienen una gran carga emocional, como recuerdos, fotografías o libros. Lo mejor es empezar por alguna área de tu casa que no tenga demasiada carga emocional pero que, al mismo tiempo, sea un tema que realmente te molesta y necesitas cambiar. Por ejemplo, yo empecé por el armario de la ropa, y la mayoría de la gente empieza por ahí, porque es una área donde tendemos a acumular mucho, y esto nos acarrea una serie de dificultades: problemas de espacio, no ser capaz de mantener el orden, la incomodidad a la hora de hacer las lavadoras, la pérdida de tiempo y la dificultad a la hora de vestirte por la mañana, el no sentirte a gusto con tu ropa, etc. La gran mejora que notarás si empiezas por alguno de los problemas que más te molestan te dará un chute de motivación para seguir adelante.


Otro consejo práctico es que saques de casa cuanto antes todas esas cosas que ya has seleccionado y que has decidido que se tienen que ir, porque así te evitas la tentación de volver a meterlas en un armario, y el dolor de tener que despedirte cada vez que pasas por delante y las ves. Confía en tu instinto y en la decisión que has tomado, y sácalas cuanto antes. Además, hasta que no has sacado de verdad todas las cosas no empiezas a experimentar la verdadera alegría de la ligereza.




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